Redes Sociales, Educación e Inteligencia Emocional, puertas a la innovación e innovación disruptiva

Hoy en día la mayor parte de organizaciones y profesionales estamos convencidos de que la innovación es el futuro y de la urgencia en desarrollar una cultura y culturas organizativas que lo propicien.

La blogosfera está llena de artículos sobre innovación e innovación disruptiva (*), la inadecuada cultura innovativa que tenemos, tanto a nivel de país como en nuestras organizaciones o la dificultad de innovación desde dentro de éstas. Asimismo, la blogosfera está llena de artículos sobre las diferentes formas de inducirla mediante el trabajo colaborativo, la innovación abierta, la cocreación, la cooperación y todos los “co-…” posibles.

Comprobadas y confirmadas las excelencias de la innovación, sobre todo, si es disruptiva, deberíamos preguntarnos porqué nos es tan complicado, cuáles son los mayores retos que nos encontramos y qué nos la facilitaría y, si fuéramos honestos con nosotros mismos, veríamos que la respuesta está en nosotros.

Si observáramos nuestras reacciones y emociones cuando alguien nos hace una crítica o un comentario que no nos gusta, podríamos comenzar a comprender porqué nos cuesta tanto innovar, en general, y de forma disruptiva, en particular. En ese sentido, deberíamos aprovechar el potencial de las redes sociales para observar, practicar y aprender comportamientos que faciliten nuestra apertura mental y desarrollo óptimo de lo que los expertos dicen, son la base de la innovación disruptiva, las conversaciones y el diálogo.

Las redes son el lugar ideal para entablar conversaciones, preguntar cuando diferimos o profundizar sobre ideas ajenas; ahora bien, para ello necesitamos reforzar nuestra educación y nuestra inteligencia emocional. La primera, la educación, como vehículo o técnica externa que refleja el desarrollo de la segunda, la inteligencia emocional.

Bajo mi perspectiva, si hay una manera de comprobar el nivel de desarrollo de nuestra Inteligencia Emocional, es a través de nuestros comportamientos, es decir, de nuestra educación, entendiendo “educación” en un sentido más profundo y extenso que el de las meras buenas maneras o formas:

  • Eduación no es sólo el “gracias” o “por favor” explícito, sino comprender el sentido que hay detrás de esas palabras, el reconocimiento de un esfuerzo o aportación y actuar en consecuencia.
  • Educación no es utilizar las buenas maneras para ofender (o intentar ofender) educadamente ante algo que “atenta contra nuestras creencias”, sino saber profundizar en ellas para comprender la perspectiva de la otra persona.
  • Educación no es oir sin interrumpir al tiempo que estamos pensando en nuestra respuesta, sino escuchar concentrados en lo que la otra persona nos expone.
  • ….

Si nos fijamos en los comportamientos que muestra una persona que ha desarrollado su Inteligencia Emocional, podemos comprobar que se caracteriza por unos comportamientos muy específicos:

  • En situaciones cordiales, por el respeto y valoración que tiene hacia las aportaciones ajenas.
  • En situaciones de defensa/ofensa, por el control que muestra sobre sus emociones y la gestión que hace de ellas, fundamentalmente.
  • En situaciones de disenso, por su esfuerzo en comprender la motivación del otro, por dar argumentaciones lógicas de porqué sí o no, por encontrar puntos de unión que puedan dar vía a la convergencia.

Los cuales implican el desarrollo de:

  • la asertividad, entendida como la afirmación y el respeto hacia nosotros y, a través de ese respeto propio, tratar con respeto a los demás. Cuando alguien es ofensivo, a quien descalifica es a sí mismo y dice muy poco del control que tiene de sí y, mucho menos, del tipo de argumentación que necesita para exponer sus ideas. Da igual que la ofensa sea mediante el insulto explícito o mediante la ironía o el sarcasmo o que sea como respuesta al “ataque” del otro, lo que conlleva a dejar al otro “el control” de mis reacciones y mi educación.
  • la autoestima, entendida como la valoración y aceptación de lo que somos, lo que nos permite tomar conciencia de todo lo que nos falta por descubrir, experimentar y por saber y, por lo tanto, nos permite valorar lo diferente como una oportunidad de apredizaje, mejora o innovación.
  • la empatía, entendida como la comprensión de las motivaciones ajenas, sin perder el foco en nuestro propio objetivo o motivo.

¿Y qué tiene que ver la Educación y la Inteligencia emocional con la innovación disruptiva? ¿Cómo nos tratan cuando pensamos distinto? ¿y nosotros? ¿cómo tratamos a los demás? ¿nos gustaría que nos contestaran o nos trataran de la forma que nosotros lo hacemos? ….

  • Si nos movemos en círculos cerrados.
  • Si nos apuntamos medallas de otros.
  • Si “ladramos” a alguien, nos reimos de sus ideas o le llamamos de todo cada vez que expone planteamientos diferentes a los nuestros.
  • Si no hacemos más que poner barreras a los clientes, en vez de facilitarles el contacto.
  • Si contraargumentamos defendiendo nuestra postura/servicio .. en vez de escuchar y preguntar sobre su necesidad.
  • Si sólo sabemos colaborar cuando todos estamos de acuerdo.
  • ….

¿De verdad pensamos que podemos llegar a “descubrir” nuevas necesidades o necesidades insatisfechas o que compartan con nosotros esa idea que podría marcar la diferencia?

Si reflexionamos sobre ello, permanecer en nuestra área de confort -movernos dentro de lo conocido, seguro y estable- y minusvalorar o rechazar aquello que creemos que “atenta” contra nuestras creencias y conocimientos, se convierten en nuestras mayores barreras a la hora de innovar y, más, si estamos buscando que sea de forma disruptiva.

Por el contrario, las puertas que nos puede llevar a la innovación y a la innovación disruptiva serían poner en práctica comportamientos que favorecen las relaciones, sobre todo, con quienes piensan diferente o con experiencia/s diferente/s, lo cual exige educación para tratar la diferencia e inteligencia emocional para gestionar nuestras reacciones ante lo que, habitualmente, se considera enfrentamiento, para poder transformarlo en mejora, aprendizaje o innovación.

¿Y dónde mejor podemos entrenarnos en ello que en las redes sociales?

En resumen, utilicemos las redes sociales para algo más que compartir información; aprendamos a conversar, dialogar y relacionarnos con la diversidad. La mejora, la innovación y más aún, la innovación disruptiva, nos lo agradecerán.

 

 

69 thoughts on “Redes Sociales, Educación e Inteligencia Emocional, puertas a la innovación e innovación disruptiva”

  1. Mariela dice:

    Me ha gustado mucho tú artículo, te agradezco éste tipo de información, soy nueva en el medio elegí estudiar Mercadotecnia en línea en la UTEL, me gusta mucho éste tipo de blogs. Saludos

    1. Mercedes HVdP dice:

      Saludos Mariela y bienvenida a esta bitácora.

      Gracias por dejar tu comentario.

  2. Pingback: Bitacoras.com

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