Las relaciones humanas: activo estratégico para la empresa del siglo XXI

Hoy leía esta entrada que me parece francamente interesante. La comparto con vosotros:

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En el nuevo paradigma, el éxito y la supervivencia misma de las organizaciones pasa por establecer redes de relaciones y verdaderos grupos de cooperación que generen valor añadido (tanto grupos internos como grupos establecidos con todos los stakeholders externos: clientes, accionistas, proveedores, mercado, medios de comunicación y sociedad en general).

Las relaciones humanas son el principal activo estratégico de cualquier organización, seguido por el conocimiento (activo dinámico que puede mejorar o empeorar en el tiempo pero que nunca se mantiene igual) y por las actitudes y habilidades para la cooperación entre las personas. Cuando las relaciones interpersonales se utilizan cooperativamente y con generosidad, bajo enfoques de ganar / ganar, los conocimientos corporativos crecen exponencialmente y se generan ventajas competitivas que caracterizan a las empresas excelentes. Por ello, las organizaciones, los directivos y todas aquellas personas que realizan algún tipo de actividad profesional, ya sea por cuenta propia o ajena, deben dar a las relaciones humanas la relevancia que estas tienen y realizar un esfuerzo metodológico y estructurado por desarrollarlas y mantenerlas.

Como afirmaba Peter Drucker, una empresa es un sistema de conocimientos puesto al servicio del mercado, pero lo cierto es que sin las relaciones humanas adecuadas los conocimientos se deterioran y con ello las empresas y sus resultados. Es importante asumir que una organización no es más que la suma de las personas que la componen, del conocimiento que éstas tienen (parte del cual es conocimiento institucional) y de la red de relaciones que cada una de estas personas ha generado a lo largo de su vida hacia dentro y hacia fuera de la propia organización. Trate de imaginar una empresa aislada del resto de organizaciones sociales que genere beneficios y, sobre todo y más importante, que genere riqueza y progreso para la sociedad ¿Imposible, verdad? Una empresa aislada no conseguiría financiación para poner sus ideas en marcha, no tendría clientes a quienes vender sus productos o servicios y sufriría un rápido deterioro de sus conocimientos.

Con demasiada frecuencia vemos casos de organizaciones ancladas en modelos de management del pasado, con directivos que maltratan sistemáticamente a sus colaboradores o con compañeros de trabajo con relaciones viciadas que no están alineados hacia la consecución de metas comunes. Empresas que no mantienen una buena relación con sus proveedores a los que exigen prestar servicios o vender productos a precios que hacen de sus negocios algo inviable, o que no dan a sus clientes la importancia trascendental que estos tienen.

Por todo ello, gestionar las relaciones interpersonales ya no es una cuestión de actitud, de si me apetece relacionarme con otros o no, sino que se trata de un asunto de supervivencia (para las personas y para las organizaciones). Nuestra obligación, trabajemos como autónomos o por cuenta ajena, es siempre la de cultivar relaciones profesionales, porque ideas en las empresas hay muchas pero sólo pueden ser implantadas cuando se han construido vínculos de confianza entre las personas. Es imposible poner en marcha iniciativa empresarial alguna ni alcanzar metas si no contamos con la confianza de una red de relaciones compleja. Hoy en día hacer empresa significa necesariamente cultivar relaciones humanas.

Gestionar adecuadamente la red de relaciones no sólo es importante para las organizaciones, también lo es para las personas. Queramos o no, todos los días nos relacionamos con muchas personas que ocupan diferentes puestos en el mundo empresarial y cuanto mejor lo hagamos mayores probabilidades tendremos de triunfar personal y profesionalmente, y más a gusto nos encontraremos con nosotros mismos.

¿Cuáles son las características de las relaciones humanas que caracterizan a las empresas excelentes?

Para que las relaciones humanas den lugar a empresas excelentes deben ser adecuadas, correctas, cordiales, corteses, inteligentes y fluidas. No es necesario, por el contrario, que sean cariñosas o divertidas; en cambio, resulta imprescindible que estén basadas en el respeto, el diálogo y la confianza.

Las empresas con directivos y colaboradores que realicen un esfuerzo para que sus relaciones interpersonales sean adecuadas tendrán más posibilidades de alcanzar mejores resultados, ser más eficientes, reducir riesgos y acumular un mayor stock de conocimiento y, por tanto, de intangibles que leas diferenciarán de forma constante del mercado. Esos intangibles basados en las personas y en la gestión del conocimiento que ellas mismas crean y comparten es una de las principales fuentes de la innovación, que se produce gracias al soporte de una buena red basada en la confianza.

Ninguna organización, independientemente del tamaño o sector, puede permitirse el lujo de contar entre sus colaboradores con personas que crean que no deben gestionar y ampliar su red de relaciones o que no deben mejorar sus conocimientos. Esa red, ese intangible es una fuente de innovación abierta, de comunicación hacia el exterior… en definitiva, de ventas y progreso.

Las relaciones interpersonales en las empresas heterogéneas

Hoy en días las organizaciones son cada vez más heterogéneas. La mujer se ha incorporado al mundo del trabajo, las organizaciones se han globalizado y por lo tanto en muchas conviven diferentes prácticas. En las empresas trabajan conjuntamente Baby Boomers con jóvenes de la Generación Y. Aproximadamente 3 de cada 100 personas del mundo han migrado de sus países de  orígenorigen para trabajar en otros territorios, lo que convierte (sobre todo en grandes ciudades muy dinámicas) a las empresas en un lugar de intercambio cultural. Todo ello exige adaptación para aprovechar nuevas oportunidades que esa diversidad ofrece.

¿Cuáles son las claves para que las relaciones sean adecuadas en este nuevo entorno?

  • Hacer un esfuerzo por desarrollar la empatía para comprender las emociones, inquietudes, miedos, anhelos, etcétera, de las personas que nos rodean.
  • Respetar y entender profundamente todas las culturas, aceptar lo que cada una tenga positivo e intentar disimular lo peor de cada cultura con lo mejor de las otras.
  • No pretender que todas las personas sean iguales pero sí tratar de que todas trabajen dentro de unas mismas prácticas que hagan posible el trabajo en equipo y que permitan prestar el mejor servicio a los clientes.
  • Establecer políticas de gestión de personas que sean a la vez lo suficientemente rígidas para que no existan discrecionalidades y para que todos los trabajadores puedan gestionar desde el principio sus expectativas y  lo suficientemente flexibles como para que cada trabajador pueda dar a la organización su máximo posible y recibir de la misma también lo máximo posible, de forma que trabajador y organización estén alineados en cuanto a lo que cada uno aporta al otro en cada momento.

La capacidad de mantener relaciones profesionales tiene mucho que ver con las competencias emocionales y, por lo tanto, podemos mejorarla a lo largo de nuestra vida. De hecho, según diferentes estudios realizados el coeficiente emocional alcanza su punto más alto alrededor de los 45 años. No se trata de hacer amigos, se trata de convertir las relaciones profesionales en un activo estratégico para las personas y las organizaciones.

Sobre la autora:

Blanca Jiménez Anabitarte.  Consultora y Coautora del libro “El Factor Humano. Cómo triunfar (y ser feliz) en el trabajo”, Editorial Almuzara.

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Fuente: Sintetia

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