Reflexiones sobre impactos de las prejubilaciones

El otro día una amiga me preguntó porqué me parecía una buena medida el retraso de las jubilaciones (Carta a los políticos: Algunas sugerencias de ahorro). Es muy sencillo, le respondí, por la pérdida de experiencia que ello conlleva, que no puede ser suplida por mucha ilusión y ganas que puedan aportar los jóvenes, y que, para mí gusto, tiene relación directa con la pérdida de calidad que, desde hace unos años a esta parte, estamos sufriendo.

Obviamente, no estoy hablanco de café con leche para todos, puesto que hay trabajos cuya edad de jubilación debería de ser, no ya a los 58, sino a los 50 (o incluso anterior) -minería, transportistas de largo recorrido, etc.etc.etc.

Hace años tuve la oportunidad de trabajar en el Centro de Investigación que una conocida multinacional tiene en Sant Cugat del Vallés. Un programa de desarrollo para consultores senior y expertos (profesionales con más de 25 y 30 años de experiencia). Auténticos cracks y una delicia trabajar con ellos; sólo un pero, te malacostumbran.

Sí, me diréis pero ¿y un comercio o una pequeña empresa? ¿Serviría lo mismo? Soy hija y nieta de comerciantes (ferretería y menaje, para más inri) y una de las cuestiones que tanto mi padre como mi abuelo ponían sobre la mesa es que cuanto más experimentada era la persona quien atendía, menos reclamaciones y devoluciones tenían y, a la postre, vendían más y no precisamente “sobre-vendiendo” (y me viene a la memoria el chiste del vendedor de una gran superficie, que se encuentra con un hombre que va a comprar unas compresas para su mujer le y acaba vendiendo una fuera aborda para ir a pescar).

No, estoy hablando de profesionales de la venta que sabían dar solución a las necesidades reales que el cliente planteaba y, en un sector en el que el número de referencias es tremendo, fidelizaban al cliente por venderle exactamente aquello que precisaba.

Estoy hablando de que hoy en día hay un exceso de primar juventud y títulos por encima de la experiencia y que lleva a personas, apenas recién tituladas, a dirigir o gestionar proyectos que podrían significar un punto de inflexión en la empresa y se quedan en más de lo mismo porque carecen de la experiencia, lo cual a la postre, no sería tan perjudicial si fueran conscientes de ello y se rodearan de profesionales que la suplieran.

Ahora bien, también veo la otra cara de la moneda, pseudoprofesionales que dicen que llevan 20 años trabajando y lo que muestran es que han repetido por 10, sus 2 primeros años, por ejemplo.

Creo que es responsabilidad de todos, tanto jefes como supervisados, poner en marcha otro tipo de prácticas en el día a día y crear entornos en los que premiemos e incentivemos la iniciativa, el pensar, hacer preguntas, diferir, etc.  (¿se puede crecer … siendo profesional?).

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